martes, 23 de agosto de 2011

Observe y juzgue

No pregunté ni nombre, ni edad. Sólo supuse, después de mirarla y escucharla un rato, que era una mujer universitaria que marchaba por la causa común de la educación. Sin embargo algo particular me llamaba su atención: no era una más dentro del montón, ya que cada grito que se escuchaba, ella los gritaba y cantaba desde adentro, como si quisiera terminar con toda su voz, con una pasión y euforia, que me dio la sensación de que estaba endeudada hasta por los codos, y que su ímpetu no era más que el desahogo de esa rabia contra el sistema, contra el presidente, contra los antiguos gobiernos, contra su universidad, contra el banco y quizás contra qué más. La verdad, no la quise interrumpir. Estaba tan motivada gritando entre la gente que caminaba aplaudiendo a su alrededor, que más me dedique a mirar que a conversar.

Me adelanté entre la multitud y pude ver que ya no era solo esa mujer la que le dedicaba tanta energía a la marcha. Cientos y cientos a mi alrededor gritaban con igual intensidad que ella, queriendo transmitir algo, queriendo ser escuchados. Manejando un mismo código que no toda la sociedad entiende y construyendo nuevos símbolos sociales.
Pese a que la marcha no se realizó por el trayecto ideal que el movimiento esperaba, los estudiantes literalmente se tomaron la calle para manifestar, a través de diferentes recursos, lo que querían transmitir: figuras de los ex presidentes, del presidente, callampas, militares, políticos, diablos, Transantiago. Entremedio batucadas que a ratos daban la sensación de estar en un carnaval, pese a que no había mucho que celebrar, sino, más bien, demandar.

Me da la sensación que si uno viese la marcha desde el aire (esta marcha en particular porque la lluvia hizo abrir muchos paraguas) se verían muchos colores y podría llegar a sentir que se me ponen los pelos de punta por la cantidad de gente que contiene. Porque es así. Es mucha la gente que compone este movimiento, mucha la gente que quiere ser escuchada y mucha la que quiere expresar: expresar su descontento, su rabia, sus necesidades, y sobre todo su empatía. Porque no todos los que están ahí marchando lo hacen por ellos. Muchos lo hacen por el beneficio que puede traerle al de al lado que sí lo necesita; y/o quizás ninguno realmente está convencido de que todo lo que piden y todo lo que consigan tendrá algún beneficio directo sobre ellos mismos, sino, más bien, para el futuro que se avecina y que merece algo diferente a lo de ahora.

Entre comentarios escuchados en el trayecto de la marcha de los paraguas, una de las conclusiones que puedo definir y que quiero agrupar más allá de las demandas puntuales sobre la educación, es que con esta movilización la gente se ha puesto en los zapatos del otro. Ya no está velando solo por su interés personal; ya no quiere ser catalogado como ese personaje individualista que antes se creía propio de nuestra sociedad.

Es importante mencionar que, sin duda, la marcha la compone gente muy diferente: distintas tribus urbanas, universitarios de privadas, escolares de municipales, personas de edad, pequeños de kínder, estudiantes de medicina, estudiantes de derecho, los sopaipas y los del Saint George. Es un homenaje a la diversidad, una gran diversidad que se agrupa como pocas veces para ser un ente que presiona por sus demandas y que se enriquece cada día más de la misma diversidad que los compone y que los une con la intención de comunicar, de hacerle saber al otro lo que está pasando a su alrededor; con la intención de ser escuchados y atendidos; un movimiento que no está quieto y que se manifiesta por una demanda colectiva, que pide y necesita comunicar.

Gabriela Castillo Anabalón

El descontento social en el centro de la realidad

Pasear por el centro un día cualquiera parece algo normal para mí. Es el barrio en donde estudio, se ve casi todos los días lo mismo. Pero no todos los días me detengo a fijarme cómo interaccionan las personas, de qué hablan, etc.


Por ello, hoy hago ese ejercicio: estoy más receptiva, me propongo conocer más de esta ciudad y de las personas que la habitan.


La gran mayoría de las personas con las que me encontré eran estudiantes y trabajadores y al hablar con ellos, se dejaba entrever en sus temas de conversación una fuerte influencia del contexto socio-político que se está viviendo en el país. La educación es un tema que no falta en ninguna mesa en estos días, y también está en las calles.


“Por un lado me gusta lo que está pasando, pero por otro lado me da mucho miedo lo que pueda pasar a llegar si esto sigue así”, me dijo una señora que caminaba por Vergara. Por otro lado, un alumno de Psicología de la UDP dijo que creía “que los estudiantes hemos cambiado la forma de mirar la educación que se tenía en el ciudadano común. Hemos puesto un tema muy importante sobre la mesa”


Pero así como hay personas que lo ven como algo tremendamente positivo para el país, hay otra fracción de la población y de las personas que transitan por el centro de Santiago que no piensan igual. "Yo vivo aquí en el centro y de verdad que estoy cansado de las marchas, ¿por qué no se van a otros barrios? a nosotros nos duele que se destruyan nuestras calles, nuestros edificios, y que esto sea visto como el lugar de descontrol social", me contaba un señor que vive en Gorbea con Almirante La Torre.


Hoy, 22 de agosto, aunque hay sol hace frío en la ciudad. Eso, de alguna u otra forma, también determina la forma de comportarse de la gente. “En invierno yo ando más achacada”, me contó una estudiante. “El frío me pone mal”. Y es que además del clima, hay un ambiente raro en la ciudad. Estamos viviendo una etapa de un seudo “estallido social” donde todos o casi todos están expresando sus descontentos.


No solo el frío tiene así a la gente. Hay un descontento generalizado hacia la clase política, por lo que conversé con muchas personas y, en la mayoría, una gran admiración a los dirigentes estudiantiles. “Que bueno que hayan personas que saquen la cara por cambios reales en el país, ahí a veces uno se da cuenta que los políticos no valen nada y organizaciones como la Confech o la CUT dan más la cara por toda la comunidad que los propios políticos”, me dijo un caballero de terno que venía de la colación e iba apurado al trabajo.


Y así, conversación tras conversación, observación tras observación, pude socializar más con mi propia ciudad, incluso con mi propio barrio, que a pesar de que todos los días me muevo por ahí, muchas veces no presto atención. Me gustó mucho este encuentro con mi ciudad y a pesar de que me sentí loca hablándole a la gente desconocida, me enriquecí con sus opiniones y fundamentos.



Por: Josefina Hirane


viernes, 19 de agosto de 2011

Libertad de comunicación, propiedad del ser humano

La libertad de emitir opinión o la de informar, sin censura previa, conocida genéricamente como libertad de expresión, se encuentra consagrada en el N° 12 del artículo 19 de la Constitución Política de la República. Éste es un derecho que progresivamente se ha ido incorporando a nuestra identidad, tal como se manifiesta actualmente en la generación de contenido y opiniones en las distintas redes sociales. Si bien el contenido de este derecho es difícil de precisar, primero, por lo que implica entender la libertad en una sociedad dominada por el control social, donde se establecen parámetros de libertad pese a lo que implica el concepto (“Facultad natural que tiene el hombre de obrar de una manera o de otra, y de no obrar, por lo que es responsable de sus actos”, según la RAE en http://buscon.rae.es/draeI/SrvltConsulta?TIPO_BUS=3&LEMA=libertad ) y segundo, por la cantidad de aristas que contempla este derecho; hemos podido de a poco internalizarlo como un principio fundamental y como la fuente principal para poder manifestar, informar y buscar todo lo que se nos antoje. (“Derecho de la libertad de expresión: derecho individual de expresar, difundir o buscar por todos los medios al alcance, cualquier información de interés” http://www.derechoshumanos.udp.cl/archivo/casos/libertad-de-expresion-casos/).


Creo que lo más importante de contemplar este derecho como fundamental para nuestra sociedad y como parte de cada persona, es que éste es la base de defensa, argumentación y promoción de todos los otros derechos que se nos atribuyen a los seres humanos, solo por el hecho de existir. Comunicar es la esencia de lo que nos constituye como seres humanos, es una de las principales caracterizaciones que nos diferencia de los animales comunes, por lo mismo es fundamental tener claridad que la libertad de expresión, comunicación e información no tiene más límites que el derecho propio de impartir este recurso respetando, siempre, la libertad del otro.

Lo anterior es un paso que hemos obtenido como sociedad, un paso imperfecto que refleja tanto cosas positivas, como negativas de nuestra sociedad. Éstas últimas las debemos mejorar, ya que pese a que nos hemos apropiado de él, surge un problema respecto al respeto que se puede tener sobre éste. Un caso reciente que manifiesta la falta de respeto y vulneración de este derecho, es el ocurrido con el periodista de Radio Bío Bío, Nestor Aburto, a quien se le prohibió ingresar a cubrir y reportear un allanamiento efectuado por carabineros en la zona de Malleco, pese a que otros medios tenían la posibilidad y facultad de hacerlo. Según se relata en http://www.puroperiodismo.cl/?p=15660 , esta decisión fue tomada por un alto mando de carabineros, generando así un abuso de su poder y/o autoridad.

Sin embargo, y pese a lo perjudicial que resulta faltar a éste derecho, es necesario también ejemplificar el paso favorable que como sociedad se ha dado para poder ejercer este derecho de manera transparente. Ejemplo macro de este avance, es la ley de transparencia y acceso a la información, que permite que la información del Estado sea pública, incitando un proceso claro y “,que deja atrás el secretismo tradicional del aparato del Estado y supone un gran paso en la consagración del derecho de acceso a la información pública, derecho que resulta fundamental para consagrar una sociedad activa, interesada en los temas públicos y que ejerza un exhaustivo control sobre sus autoridades” http://www.derechoshumanos.udp.cl/wp-content/uploads/2010/01/05_livertad-de-exppresioc2a6un.pdf?utm_source=web&utm_medium=web&utm_content=es&utm_campaign=Informe+Anual+2009+Capitulo+5.
Sin duda la libertad de expresión es una herramienta que generara mucha utilidad en la sociedad, pero es necesario saber ocuparla para que no caigamos en el problema de la veracidad de lo que se publica. Creo que ahí es cuando nace la labor y el elemento diferenciador del periodista respecto al ciudadano común que posee este mismo derecho: la rigurosidad y precisión con la que se debe ejercer.