Pasear por el centro un día cualquiera parece algo normal para mí. Es el barrio en donde estudio, se ve casi todos los días lo mismo. Pero no todos los días me detengo a fijarme cómo interaccionan las personas, de qué hablan, etc.
Por ello, hoy hago ese ejercicio: estoy más receptiva, me propongo conocer más de esta ciudad y de las personas que la habitan.
La gran mayoría de las personas con las que me encontré eran estudiantes y trabajadores y al hablar con ellos, se dejaba entrever en sus temas de conversación una fuerte influencia del contexto socio-político que se está viviendo en el país. La educación es un tema que no falta en ninguna mesa en estos días, y también está en las calles.
“Por un lado me gusta lo que está pasando, pero por otro lado me da mucho miedo lo que pueda pasar a llegar si esto sigue así”, me dijo una señora que caminaba por Vergara. Por otro lado, un alumno de Psicología de la UDP dijo que creía “que los estudiantes hemos cambiado la forma de mirar la educación que se tenía en el ciudadano común. Hemos puesto un tema muy importante sobre la mesa”
Pero así como hay personas que lo ven como algo tremendamente positivo para el país, hay otra fracción de la población y de las personas que transitan por el centro de Santiago que no piensan igual. "Yo vivo aquí en el centro y de verdad que estoy cansado de las marchas, ¿por qué no se van a otros barrios? a nosotros nos duele que se destruyan nuestras calles, nuestros edificios, y que esto sea visto como el lugar de descontrol social", me contaba un señor que vive en Gorbea con Almirante La Torre.
Hoy, 22 de agosto, aunque hay sol hace frío en la ciudad. Eso, de alguna u otra forma, también determina la forma de comportarse de la gente. “En invierno yo ando más achacada”, me contó una estudiante. “El frío me pone mal”. Y es que además del clima, hay un ambiente raro en la ciudad. Estamos viviendo una etapa de un seudo “estallido social” donde todos o casi todos están expresando sus descontentos.
No solo el frío tiene así a la gente. Hay un descontento generalizado hacia la clase política, por lo que conversé con muchas personas y, en la mayoría, una gran admiración a los dirigentes estudiantiles. “Que bueno que hayan personas que saquen la cara por cambios reales en el país, ahí a veces uno se da cuenta que los políticos no valen nada y organizaciones como la Confech o la CUT dan más la cara por toda la comunidad que los propios políticos”, me dijo un caballero de terno que venía de la colación e iba apurado al trabajo.
Y así, conversación tras conversación, observación tras observación, pude socializar más con mi propia ciudad, incluso con mi propio barrio, que a pesar de que todos los días me muevo por ahí, muchas veces no presto atención. Me gustó mucho este encuentro con mi ciudad y a pesar de que me sentí loca hablándole a la gente desconocida, me enriquecí con sus opiniones y fundamentos.
Por: Josefina Hirane
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